Que veinte años no es nada. Marta Rivera de la Cruz


Estaba un poco cansado de la Ciencia Ficción de los 50 y como la novela del Inventor de Historias” de tanto aposté por leer nuevamente a esta autora. Resultó que tenía a mano “Que veinte años no es nada” así que me puse con él.
El estilo y la historia es un cambio radical con respecto a lo que estoy acostumbrado. El ritmo es lento, el hilo conductor de la historia difuso, pero da gusto leer cada palabra. Nos encontramos con una novela en la que claramente es mas importante el camino, y disfrutarselo, que el destino. En esta novela es incluso mas marcado que en el Inventor de historias.
Decir que es la historia de Cósimo Herrera, novelista y eterno aspirante al novel, y una brillante enamorada de veinte años menos que le ronda, todo ello enmarcado en Ribanova, pequeño, pero muy visitado pueblo Gallego, es simplificar demasiado. 

En la novela nos encontramos con un novelista amargado al que un amigo convence para exiliarse en su pueblo natal. Su llegada le sirve de excusa a la autora para sentarnos, figuradamente, en una amable reunión de comadres donde a la menor excusa nos contarán la historia de cada uno de los vecinos de Ribanova. Serán historias de soledad, decepción, emigración e inmigración, encuentros y desencuentros, amistad, esperanza, amor, … pero siempre amables. En la que quizá destaca la de Cósimo porque es la que está sucediendo.
Reconozco que el ritmo plácido de la historia ha supuesto un duro reto a superar. Han sido muchas las noches que he encontrado con el libro abierto en la cara. Pero finalmente me la disfruté. Una lectura recomendable para periodos de tranquilidad de espíritu (¿Vacaciones?)

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