El inventor de historias. Marta Rivera de la Cruz.


El otro día en la biblioteca se me quedó pegado en la mano este libro. Fué una buena elección.

El Inventor de Historias narra la historia de Linus Daff, un profesional de la mentira. Linus desde muy pequeño comienza a contar historias, mentiras, con tal maestría que a pesar de ser inverosímiles resultan creíbles. A medida que crece se traslada de Irlanda a Londres y por azares de la vida comienza a ganar unos cuartos vendiendo mentiras a los vecinos del barrio. Poco a poco su fama adquiere tal calado que se muda a barrios mas nobles y establece un negocio serio y respetable de inventar mentiras, incluidas falsificación de documentos, para los miembros de la alta sociedad victoriana. Estas mentiras son de todo tipo, desde donde ha pasado la noche cierto noble a recostrucción de vidas enteras.

De fondo a la historia de Linus van apareciendo el retrato de la época victoriana con su obsesión por las formas, su necesidad de ocultar detalles nimios para no empañar un historial incólume desde los tiempos de las cruzadas, con todo reglado y sin permitirse un desliz de forma pública. En este ambiente un maestro inventor de historias puede ganarse la vida ya que hay mucho que ocultar. Así Linus es un personaje concienzudo, con su propio código del honor que sigue fielmente, consentido inicialmente y finalmete perfectamente integrado.

 

Mas tarde el personaje se deslazará a Cuba y encontrará una sociedad radicalmente distinta, luminosa y viva, que le cautiva y que le obligará a volver a España haciéndose pasar por un Gallego que vuelve a la tierra. En este momento nos encontramos con un retrato entrañable de una Galicia completamente rural.

Como curiosidad la historia está salpicada de referencias históricas que aunque no aportan mucho si que dan una nota de humor y hacen mas amena la narración.

Con este argumento yo hubiera esperado una historia de espionaje encuadrado en la primera guerra mundial, grandes estafas, ladrones de guante blanco… o algo similar. En vez de esto estamos frente a una novela pausada, que mantiene un ritmo narrativo tranquilo sin esfuerzo y que no te deja abandonarla. La describiría como una taza de té o una tarde de primavera… gustosita y sin fuegos de artificio.

Probablemente lo que mas me haya gustado es la placidez del relato y el que los personajes que aparecen, a pesar de ser estafadores, vividores, mentirosos,… son básicamente buenos y casi quijotescos.

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