Consigue un traje espacial: viajaras. Robert A. Heinlein 2


"Consigue un traje espacial: viajaras" ¿Con este título quien puede resistirse?. Y si ademas está escrita en los 50 y por Robert A. Heinlein ya hay que entregarse.Ha pesar de todo siempre tengo un cierto reparo con Heinlein, pero cuando vi que prácticamente era una space opera sólo quedaba hacer como Homer: GAAHHHH.
Nos encontramos con la historia de un adolescente que decide ir a la luna. En su empeño consigue un traje espacial y al poco es secuestrado por terribles alienígenas que van a conquistar la tierra y comernos. La trama sigue enredándose hasta encontrarnos en un juicio que puede terminar con la desaparición de la tierra del universo. ¿Que mas se puede pedir?.
 
Ademas estamos de suerte, Heinlein no hace cosas raras (ni Hippie ni Fascista) y se concentra en narrar una aventura espacial. Sólo recae temporalmente en unas descripciones un poco extensas de la mecánica de los trajes espaciales (me resultó divertida), la distancia en kilómetros de todo a la tierra (indiferente y un poco pesado) y el limitado efecto de la aceleración en el tiempo de viaje en los vuelos a aceleración constante (un poco ida de olla).
 
Magnifico para los amantes del genero.
 
 
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2 ideas sobre “Consigue un traje espacial: viajaras. Robert A. Heinlein

  • Josemaria

    Yo me estoy releyendo ahora “forastero en tierra extraña” (me enteré por tu post que la nueva edición era la original mucho maś larga y me entró curiosidad) y ahora, ya adulto, lo leo con otros ojos, la verdad. Es un narrador impecable en algunos aspectos pero en otros… sobre todo el machismo: los personajes femeninos son siempre caricaturas. Me resulta, francamente, apestoso y me cuesta mucho trabajo obviarlo y disfrutar de la historia…

    • Guillermo Conde

      A mi me cuestan mas las camas redondas que tiene por costumbre incluir.

      En Heinlein es constante lo de la mujer florero, por muy listas que diga que sean. Me lo tomo como algo de SU época y que hemos superado.

      Es como las mujeres desmallándose después de cruzar el canal de la mancha a nado o después de asaltar un avión en pleno vuelo que aparecen en “El hombre enmascarado”.